| Una vez más la levantada fue a las 5 am, esta vez porque teníamos que tomar una panga para hacer un pequeño tour por la isla Juan Venado, reserva natural donde existe una gran diversidad de flora (principalmente Mangle y árboles de madera preciosa) y fauna (aves migratorias, lagartos, mapachines, culebras, venados y centro de anidación de tortugas paslama).
Nos acompañaron Rafael y Patricio, surfistas de la zona y los guardaparques de la Isla Carlos y Porfirio, los que nos brindaron información durante el recorrido por el río. Los muchachos estaban asombrados de la belleza del lugar y no paraban de hacer todo tipo de preguntas a los guardaparques.
Llegamos a cierto punto donde bajamos del bote, caminamos como 200 metros atravesando la isla y encontramos la playa con un arrecife de piedras que creaba olas de buen tamaño. Todos estábamos emocionados por surfiar una vez más.
El mar estaba un poco revuelto por culpa del viento que estaba con dirección On-Shore (del mar hacia la tierra) pero las olas eran consistentes.
Los muchachos son incansables, no paran de agarrar olas haciendo todo tipo de maniobras.
Dennis y yo estuvimos traveseando la cámara fotográfica mientras Yali descansaba bajo la sombra, es divertido tomar fotos de los surfistas en acción.
En el regreso por el río, gracias a la súper vista del capitán del bote, pudimos ver un pequeño lagarto que asomaba sus ojos sobre el agua.
Llegamos al hotel, desayunamos y nos relajamos por un par de horas.
Al medio día tuvimos que abandonar la playa para dirigirnos a León, al hotel La Posada del Doctor, una casa colonial con un jardín precioso y habitaciones muy cómodas.
Dejamos nuestras cosas y tomamos rumbo hacia el Volcán Cerro Negro con la intención de escalarlo y deslizarnos por su ladera arenosa en tablas de madera y colchones, guiados de nuestro amigo “el vaquero”.
Desde la distancia el volcán se mira como algo fuera de este mundo, rodeado por cerros y montañas de tonalidades verdes, éste resalta con su color negro imponente que resalta a la vista. La subida al volcán es lenta y cansada, el sendero sube por entre las rocas volcánicas de variados colores y tamaños.
Al llegar a la cima nos dimos cuenta que “el vaquero” no era el guía experimentado que todos creímos, él había ido dos veces con sus amigos y nunca había bajado deslizándose en algo.
Los surfistas estaban temerosos, ninguno quería tener un accidente que los imposibilitara seguir surfiando durante el SURFARI NICARAGUA, pero unos minutos después notamos que los colchones y las tablas eran un fiasco, no se deslizaban NADA! Esto hizo que el instinto de competición se apoderara de todos luchando por los colchones para ver quien lograba bajar más rápido.
Bajamos entre risas y polvo, corriendo y gritando detrás de los colchones. Todos cagados de la risa viendo a Beto cayéndose dando un par de vueltas, viendo al camarógrafo correr hacía abajo detrás de su zapato.
Terminamos cansados pero con una gran sonrisa que resaltaba bajo la capa de polvo y tierra en nuestros rostros.
De regreso a León Beto y algunos muchachos se perdieron por los caminos de tierra, llegando a la ciudad unos 40 minutos después de nosotros. Nos bañamos, comimos y luego salimos a conocer la vida nocturna de la ciudad universitaria.
Entramos a una disco donde el bacanal era intenso, buena música, lindas chicas y todos con ganas de bailar. Estábamos entrando en calor cuando llegó la policía a cerrar el local… eran las 12 am, todo lugar cierra a esa hora.
Al no tener nada más que hacer decidimos irnos a descansar para el siguiente día.
Baldo |